Caminando con gigantes

Los griegos, afanados por encontrar las verdades del mundo, introdujeron el “escorzo” en la representación artística, principalmente en las artes plásticas. El escorzo reduce visualmente las magnitudes o modifica la apariencia de los objetos, normalmente objetos volumétricos que tienen una posición perpendicular u oblicua respecto a la vista de un observador o según las reglas de su proyección como por ejemplo la perspectiva. Durante la Edad Media el uso de la técnica del escorzo prácticamente deja de utilizarse y es hasta el Renacimiento que los artistas retoman esta técnica de representación. Con el escorzo y la perspectiva el arte plástico supera sus propios límites y alcanza la modernidad.
Los avances renacentistas en la representación tridimensional del espacio y el volumen permanecen vigentes hasta finales del s.XIX donde las vanguardias y sus ismos desdeñan los cánones académicos e introducen una nueva manera de representar la realidad en la producción de arte visual, alejándose gradualmente de la perspectiva y el escorzo canónicos.
Es Heriberto Gómez Ramírez quien desde México revalora y aporta innovación y originalidad al arte plástico en estos menesteres. Las obras escultóricas de este autor introducen el “escorzo emocional”. Para ello, este artista no solamente retoma el uso del escorzo, sino que lo acentúa, intensifica la aparente desproporción de los volúmenes conforme están más cerca o más lejos de un artificial y relativo punto de fuga, de manera tal que logra trascender la proyección meramente geométrica logrando un efecto emocional y desprendimiento estético, así, en cada pieza escultórica regida por su propio espacio y proyección (e incluso tiempo), emerge una energía y vitalidad propias, las obras comunican emociones de manera avasalladora, el espectador recorre aumentos y disminuciones de volumen sintiendo un espectro completo de matices emocionales.
Cada pieza así lograda observa un gigantismo simbólico independiente de su tamaño real, y es aquí que el arte de Heriberto Gómez toma nueva relevancia, rescatando una función fundamental del arte: la búsqueda de la trascendencia y los valores (antítesis del actual “Hamparte”). Pues en tiempos donde el “desarraigo psíquico” que actualmente sufre la mayoría de los individuos y las sociedades y que se traduce en la pérdida gradual de los valores, los ideales y las virtudes, requiere un arte trascendental, apropiable y vivificador. El mensaje fundamental de estos “gigantes” hechos escultura y que en un pestañeo van de lo diminuto a lo agigantado y de lo agigantado a lo diminuto, es el traspasar límites y situaciones, avanzar, transformar, que el caído se levante, el perdido se encuentre, el amante erotice, el ocioso emprenda, el derrotado triunfe.
Heriberto Gómez Ramírez es un escultor en cuyo arte se encuentra el anhelo de agigantar al humano y en cada obra nos invita a caminar con gigantes.


